La Cabra de Riudecanyes

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ESperando el tren…

Riudecanyes es un pequeño pueblo localizado a pocos kilómetros de Tarragona. En mitad del campo, con una enorme y desangelada estación de tren clausurada, cada día observa el paso de poco más de una docena de trenes de viajeros. Trenes que recorren la conocida línea R15 surcando campos de viñas entre montañas, pantanos, rieras y trincheras escarpadas a un lado y otro de la vía.

Una de esas trincheras, bañada en cemento para evitar los temibles desprendimientos de piedras y rocas habituales en la zona, a unos pocos centenares de metros de la salida de la estación dirección al famoso tunel de l’Argentera (el más largo de la línea, con un total de 4.044 metros de longitud), se encuentra coronada por un frondoso olivo.

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La Cabra de Riudecanyes observa como el tren recorre la última curva antes de pasar bajo su olivo.

Y bajo ese olivo descansa una cabra que los ferroviarios que surcamos esas tierras ya la conocemos como la “Cabra de Riudecanyes”

Majestuosa, impertérrita, con su enorme cornamenta, la Cabra de Riudecanyes espera, todos los días, el sonido metálico de las ruedas del tren. No de un tren cualquiera, no, del “Transmesetario”, el regional que todas las mañanas sale de Barcelona para llegar a Madrid bien entrada la tarde. Cada día, la Cabra de Riudecanyes permanece tumbada bajo el olivo hasta ver aparecer aquel viejo tren, es entonces cuando se alza sobre sus cuatro patas, anda unos ligeros pasos, levanta su espectacular cabeza y baja la mirada para observar como el tren recorre esos pocos metros ante su mirada. Parece vigilar el paso del tren, contar los viajeros que aún se encuentran a 565.200 metros del final del trayecto, Observadora y meticulosa, cada día, a la misma hora espera bajo el olivo que corona aquella trinchera. Es la Cabra de Riudecayes, la cabra ferroviaria.

El  “Transmesetario” seguirá su marcha, aún le quedará por delante algo más de siete horas de recorrido hasta alcanzar su meta. Como la Cabra de Riudecanyes, que cuando vea desaparecer la cola de ese tren, también se esfumará por los campos de Tarragona.

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… y hasta mañana.

Hasta el día siguiente, en el mismo lugar, a la misma hora, cuando pasen algunos minutos de la diez y media de la mañana, que volverá a su olivo esperando oír el chirríar metálico de las ruedas del tren y volverá a asomarse para observar el paso del tren y velar por un largo, incómodo y duro, aunque también nostálgico y apasionante viaje de aquellos que aún se atreven a recorrer media península en aquel viejo tren. El “Transmesetario” y la Cabra de Riudecanyes

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