Empieza Febrero

“Febrerillo el loco” que decía mi madre.
Estos últimos días he tenido este Cuaderno de Campo un pelín abandonado. La verdad es que me he dedicado a poner en orden muchas de las cosas que tengo desparramadas por la mesa… y por la cabeza. Poco a poco, las cosas va regresando a su punto inicial y, tras un periodo convulso de evoluciones incomprensibles, siento que aquello que algunos llamamos normalidad se está adueñando del ambiente.
Los que habéis seguido este blog habéis “vivido” desde el otro lado – el lado oscuro – el conflicto qué se generó en las líneas de Rodalies por unas actitudes más cercanas a la arrogancia que a la serenidad del sentido común. También habéis vivido desde vuestro lado las consecuencias del conflicto. Sé que lo habéis sufrido más que vivido, sé que algunos han llegado a compreder cosas que antes desconocían, pero lo que no sé es si el esfuerzo, el desprestigio y la desbocada situación generada ha merecido la pena. Es tan solo una percepción de quien vive día a día problemas similares, pero me da en la nariz que, lejos de encontrar una solución definitiva (o lo más definitiva posible) lo que se ha hecho es aplazar un problema.
Decía que dudo tanto de los resultados como de los efectos.
Pero aquí voy a hacer una distinción, sin que sirva de precedente, sobre las actitudes de algunos y la demagogia de otros.
He sido crítico con quien debía serlo. He manifestado mi impotencia ante declaraciones llenas de falsedades, o siendo políticamente correcto, declaraciones envueltas en un halo de fantasía y bañadas por un flujo de medias verdades. Y he sido muy crítico también con la parcialidad de los Medios de Comunicación. Algunos más que otros, pero, en general, todos se han agarrado a urgar en la herida en lugar de conocer las causas, efectuar un diagnóstico y, en la medida de las posibilidades de cada uno, cortar la hemorragia.
Pero, algo ha cambiado.
No voy a poder ser muy concreto, y os aseguro que me gustaría mucho, pero cuando recibo alguna comunicación de carácter privado, la mantengo dentro del espacio privado. Decía que algo ha cambiado.
Mi tozudez a la hora de refutar las informaciones que estos días nos han caido encima a los Maquinistas han tenido un ligero efecto. Pequeñito, sí, pero para mí ha sido importante.
He recibido algunos correos de gente que tiene y crea opinión. Profesionales que, si bien no han tenido palabras claras de rectificación, sí que han justificado los errores cometidos por cuenta de otros. Es aquello de “yo te engaño porque a mi me han engañado”
Estoy satisfecho. Totalmente satisfecho. No tanto por lo que se pueda decir o lo que se debiera decir, sino porque, en este caso, no se había dicho la verdad y, al final, me han dado la razón.

Quiero manifestar, por último, mi agradecimiento a quienes nos habéis llegado a entender – y sé que ha sido muy difícil – y en cierto modo nos habéis apoyado, y quiero agradecer también que personajes de la vida política con cientos de problemas encima de la mesa haya tenido un minutillo de su tiempo para “escuchar” aquellos 140 carácteres que este humilde trabajadorr le hizo llegar. Al menos demuestra que realmente le interesa lo que piensa y lo que dice uno de sus conciudadanos.
Y para acabar, insisto, os pido disculpas por esos tres días de enero. Y os invito a compartir un periodo de reflexión conjunto. Vosotros necesitáis de un medio de transporte que os aligere la cotidianidad de vuestros desplazamientos, y nosotros necesitamos de vuestra colaboración y complicidad para ir mejoranado día a día, metro a metro. Todos ganamos.

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