Los “pijoletrados”. Una especie en expansión

Vaya por delante mi profunda admiración hacia aquellos que luchan día a día por las mejoras de las condiciones de vida y por los derechos de la ciudadanía y bla, bla, bla.

También, antes de meterme en un charco de incalculables consecuencias, quiero alegar en mi defensa que lo que aquí voy a exponer es tan solo una parte de los hechos acontecidos durante mi experiencia laboral, desde el más profundo de los respetos, y con el más sincero cariño hacia todos y todas aquellas que aquí os podáis ver reflejados.
Por último, toda reclamación la podéis dirigir a la Srta. Anaïs, que ha sido la que me ha empujado a cometer el siguiente atropello. Metafóricamente hablando, se entiende.
Bien, empezamos.
Los “pijoletrados”, también conocidos como “abogapijos” son una especie humana en expansión que tiene su origen en las tierras del Gironés, más allá de donde delimitan las lindes de lo que antaño se conocía como Ciudad Condal. Es decir la capital del País. Desde su hábitat natural, las líneas ferroviarias, han ido desarrollando una incesante labor para mejorar, de manera sustancial, una parte de lo que se conoce como calidad de vida, y, más concretamente, mejorar los tiempos de desplazamiento entre sus moradas y sus grandes y enmoquetados despachos profesionales. Además, claro está, de incluir en estas mejoras un grado de confortabilidad acorde a sus ilustres posaderas. También, y como medida complementaria en beneficio de la situación económica del País, han conquistado la posibilidad de ayudar a la contención del gasto doméstico al utilizar los enchufes de corriente eléctrica que se incluyen junto a sus asientos. De esta manera, tan solo por recargar las batería de móviles, portátiles, ipads, iphones, mp3, mp4 y otros pueden rebajar las correspondientes facturas endésicas (de Endesa)
Pero, vayamos a la respuesta concreta de mi clienta favorita, @rainfallsdown.
¿Qué es y qué hace un “pijoletrado”?
Bien, lo primero que hace es decir que es “abogado”. Lo segundo decir que “conoce a alguien del Govern”, y lo tercero, el famoso y muy catalanoespañol “¡se va a enterar, usted!”
Pongamos por caso que un día cualquiera tenemos una incidencia en las circulaciones. Pongamos por caso que el tren sufre una avería, como cualquier otra máquina, no son perfectas e infalibles. Y pongamos por caso que el Maquinista empieza a dar viajes arriba y abajo intentado reparar la avería. Bien, justo cuando estás/estamos más liados intentando salir del paso, aparece el “pijoletrado”.
          Oiga, ¿qué pasa? – dice el “pijoletrado”
          Mire, tenemos una avería.
          ¿Y cuanto va a durar? Es que tenemos mucha prisa.
          Pues no lo sé. Estoy intentado repararla. – responde el Maquinista un poco atolondrado.
          A mí eso no me sirve de nada. Usted me tiene que informar de lo que pasa.
          Por favor, déjeme que haga mi trabajo. A ver si podemos salir pronto.
          ¡Usted no sabe con quién está hablando!
¡Ya está! La frasecita mágica. Algunos de los “pijoletrados” utilizan esta frase a la que se le supone poderes mágicos. La otra es aquella de “conozco a fulanito y le voy a llamar”. Cuando me dicen alguna de estas frases, respiro hondo y pienso “menos mal, si llama a fulanito se va a reparar el tren. ¡Bieeeen!” Pero, no. No es así.
Un día tuve una avería en los “Bloques de Freno” de la 449 en Caldes. Todo por echar el freno de emergencia para evitar arrollar a un “borrico” que cruzaba por delante creyendo que yo, cual ojo supremo celestial, le había visto. Tras la bronca que le pegué, me dispuse a reparar el tren. Me costó algo más de lo que esperaba. Durante mis viajes de cabeza a cola, uno de los “pijoletrados” me afeó que no le diera información. Me lo dijo en dos ocasiones, sin que yo le hiciese caso, y a la tercera, una vez que ya había podido solventar la avería (tras 20 laaaaargos minutos), me senté junto a él y le expliqué punto por punto, paso por paso, en qué consistía la avería. Incluso la adorné con fantasiosas e inventadas cuestiones técnicas que, claro, se tragó una tras otra. Llegamos a Paseo con 5 minutos de retraso. La señorita que anuncia los retrasos fue actualizando estos mediante megafonía, y puede recuperar 15 minutos. Ya en Paseo me dirigí hacia el “pijoletrado” y le dije, con un pasmoso tono de voz chulesco, “¿lo ves?, si no me hubieras entretenido para explicarte lo que había pasado, hubiéramos llegado a la hora”. El medio sonrió, y le comenté que, a veces no es que no queramos dar la información, es que perdemos más tiempo informando que reparando la avería, que es nuestra prioridad. Por cierto, cuando la incidencia es “ajena” a nosotros… la información también nos llega tarde, y es otro de los motivos por los que no informamos.
Otro día, el tren que me precedía tuvo un arrollamiento a la altura de Riudellots. Tras informar por la megafonía que estábamos pendientes de la llegada de la “Autoridad Judicial”, algunos pensaron que era un tema de viajeros sin billete. La verdad es que no dije que había un arrollamiento ya que me parece una información que no es necesaria, sobre todo por respeto hacia las circunstancias específicas de estos accidentes. Tras un periodo prudencial, se me acercó a la cabina una Señora que me dijo con un tono amenazante que sobraba, “Yo soy Autoridad Judicial, ¿qué pasa?” Efectivamente era una jueza. Le expliqué lo ocurrido y cambió radicalmente de tono. Sobre todo cuando le dije que el tren accidentado llevaba 2 horas, sí, ¡2 horas! En plena vía esperando al juez o jueza. No dijo nada, se calló, me dio los buenos días y se confundió entre el pasaje.
Pero no todos los “pijoletrados” son iguales. Los hay muy cachondos y con los que puedes mantener una conversación centrada y educada.
Como es el caso de una señora jueza que sube en Flaçà. Seguro que no le importará lo que voy a decir, ya que ella misma me “prometió” que daría la cara por nosotros.
Esta señora se me acercó un día muy amablemente y me dijo:
          “¿Te puedo hacer una pregunta?
          Sí. Por supuesto – contesté yo muy a la defensiva.
          A ver, Si el primer MD que sale de Figueres no lleva nada delante, la vía está bien, no llueve, y tarda 16 minutos en llegar a Flaçà, ¿por qué llega siempre con 3, 4 y hasta 5 minutos de retraso?
          ¿Esto se va a mantener en secreto? – le pregunté.
          Sí, es confidencial.
          Bien. El primer tren sale a las 6’03, la cantina de la Estación abre a las 6’00h, y a nosotros, como a todo el mundo, nos gusta tomar un café antes de ponernos a trabajar, más aún cuando debes conducir un tren a 160 Km/h. Como abren a las 6’00, pues nos tomamos el café hirviendo y salimos enseguida que acabamos. Es solo por un simple café. Y además sabemos que esos minutillos luego se los recuperamos.
          ¿Tan sólo es porque tomáis café?
          Sí. Algo tan burdo como eso. No tenemos ningún otro lugar… hasta que llegamos a Barcelona.
          Vale. Gracias. Ahora que lo sé se lo explicaré al resto de viajeros y ya tendremos un misterio resuelto. Además me parece justo.
Hoy esa circunstancia ya no se da. Una cosa es que el tren salga a la 6’03 y la cantina abra a las 6’00, que pierdes muy poco tiempo, y otra es en la actualidad que el tren ha adelantado su salida a las 5’56, por lo que no esperamos ninguno a poder tomar café… hasta que llegamos a Barcelona.
Resumiendo. Por el simple hecho de avisar (no voy a decir amenazar) con ser abogado, juez, diputado o conocer a “alguien” con poderío político, las cosas no van a funcionar mejor. Y a veces, es mejor dejar que el Maquinista haga su trabajo en lugar de entretenerlo con cuestiones, muchas veces, banales. Además… ¡¡¡es qué muchos van de sobrados y nos miran por encima del hombro!!!
Para acabar ya este tostón voy a deciros un secreto. ¡Ojalá salieran más “pijoletrados” y “abogapijos” en las líneas del Sur! Todos ganaríamos. Ellos comodidad, confort y frecuencia y yo seguridad, tranquilidad y algunos kilos de más. O sea, ¡¡¡qué encima os necesito!!! Que ganas tenía de decir esto…
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Un comentario sobre “Los “pijoletrados”. Una especie en expansión

  1. Uyuyuy! Pero no solamente de 'pijoletrados' se inunda la línea MD! También hay mucho tonto suelto que solamente porque tiene dinero ya se cree que puede hacer lo que le de la gana… Una vez un señor se olvidó el mensual en casa, en ve de comprar un billete sencillo se coló, y cuando pasó el revisor le dijo ''no he comprado billete porque llevo el mensual y aunque a mi me sobre el dinero no voy a pagar no se qué''. Mira, listo, si te lo has dejado, pagas como hacemos todos. Que tengo a mis padres en el paro, a mi me pusieron de patitas en la calle y bien que pago y me jodo como puedo!!! En fin. Conclusión: a partir de ahora, nada de cantinas. Cuando el tren pase por Sant Celoni, salgo a la calle que tengo bajo casa y te paso un termo por la ventana, hombre, que esto no puede ser!! jajajaja

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